lunes, 17 de enero de 2011

Geocentrismo vs heliocentrismo (Parte I)

Galileo estaba muy equivocado
Muchos no están preparados para escuchar las afirmaciones que vamos a poner de manifiesto en este post, pues son hechos demasiado crudos para nuestra cultura: La Tierra está fija en el universo, no se traslada ni tampoco rota sobre su eje Norte-Sur, es el firmamento con todo su contenido quien rota, y el sol el que se traslada en torno a nuestro planeta. Galileo estaba muy equivocado, obviamente. Pero Galileo rectificó poco antes de su muerte. Ahora es el momento de que lo hagamos todos nosotros.
Al decir esto, algunos pensarán que nos hemos vuelto locos, o que nos hemos adscrito a un disparate del mismo orden que “la Tierra plana”1. Nada de eso, estamos en nuestro sano juicio, y los que piensen en que creemos en un disparate han de saber que a nadie le es lícito creer en cualquier cosa, sino sólo en aquello que es absolutamente razonable. Y la fe en la doctrina de la Iglesia Católica lo es en grado sumo, como incansablemente repite el Papa Benedicto XVI. Pues bien, la Iglesia Católica, garante de la Verdad, se quedó sola desde el siglo XVII defendiendo con firmeza que la Tierra es infinitamente más que un pequeño planeta perdido entre miríadas de otros. En los últimos ciento y pico años la mayoría de autores, incluso apologéticos, que han escrito sobre Galileo han venido afirmando que los representantes de la Iglesia Católica se equivocaron factualmente al no admitir el heliocentrismo promocionado por Galileo y su partidarios. Sin embargo la Iglesia nunca lo ha admitido oficialmente así, ni siquiera en el discurso sobre el caso Galileo (Juan Pablo II, 31 octubre 1992). Aquí no escatimaremos argumentos -teológicos, históricos, científicos e incluso místicos para dejar claro que la teoría heliocéntrica del sistema solar es tan falsa como la teoría de la Evolución de Darwin, en realidad ambas pertenecen al mismo ideario de ataque sistemático a la Iglesia. Y lo vamos a hacer en una serie de tres posts, intercalando datos teológicos, científicos e históricos. Muchos más se podrían exponer aquí, pero excesivos datos científicos podrían cansar a los teólogos, y excesivos datos teológicos cansarían a los científicos, por lo que al final indicaremos referencias a trabajos de autores geocentristas para que los interesados profundicen en los temas específicos. Lo cierto es que el cosmólogo católico del siglo XXI tendrá que tener una gran formación tanto en física-astronomía como en filosofía-teología.
Comencemos recordando una frase de la sentencia del Santo Oficio contra Galileo del año 1633, que afirma:
La proposición de no ser la Tierra el centro del mundo, ni inmóvil, sino que se mueve, y también posee un movimiento diurno, es también absurda, filosóficamente falsa y, considerada teológicamente, es al menos errónea en la fe”.
Y en el año 1615, el Cardenal S. Roberto Belarmino dejó escrito:
Yo digo que si hubiera una verdadera demostración de que el sol está en el centro del universo y la tierra en la tercera esfera (orbita), y que el sol no viajara alrededor de la tierra, sino que la tierra circulara el sol, entonces podría ser necesario proceder con gran cautela al explicar los pasajes de la Escritura que parecen contrarios, y deberíamos más bien decir que no los comprendimos, antes que decir que alguno era falso como se ha demostrado. Pero yo no creo que haya una tal demostración; ninguna me ha sido mostrada”.
Tenía razón el Cardenal S. Roberto Belarmino, que además de intervenir en el proceso era profesor de Astronomía, ninguna verdadera prueba del movimiento de la Tierra le había sido mostrada -las que aducía Galileo eran todas falsas-, y su intuición era correcta, pues en contra de lo que muchos piensan, la Astronomía no ha probado nunca el sistema de Copérnico (el sistema heliocéntrico), y obviamente el geocentrismo no ha podido ser formalmente refutado, pues no ha sido posible hacer una demostración de que la tierra se mueva. Por el contrario, en los últimos 150 años se han recogido los datos astrofísicos suficientes para afirmar con rotundidad que la hipótesis heliocéntrica de Galileo, e incluso la acéntrica de Albert Einstein, son erróneas desde la perspectiva científica, no sólo de la teológica. Sin embargo, hay un obscuro interés en algunos ámbitos científicos y académicos de gran influencia, por mantener vivo aquellos paradigmas científicos que lesionan la indefectibilidad2 de la Iglesia. Afortunadamente, en los últimos años, el geocentrismo se ha redescubierto en algunos círculos científicos y académicos católicos, al menos en Estados Unidos, de donde confiemos que se extienda por el resto de naciones. Nos referimos particularmente a científicos asociados a laCatholic Apologetics International Publishing, como Dr Robert Sungenis, quien lleva desde 1993 dedicándose enteramente a escribir libros, dar charlas en TV, colegios, parroquias americanas y de otros países. Entre sus libros deseo destacar sobre todo "Galileo Was Wrong The Church Was Right". En este obra3, de dos tomos con un total de 1200 páginas, Robert Sungenis, doctor en teología, y el físico Robert Bennett demuestran, más allá de toda duda, que la Tierra se halla inmóvil, en el centro de masa del universo, mientras el firmamento como un todo, con sus astros, incluido el sol, giran en torno a ella. Y lo que se desprende de su extensa y laboriosa investigación es además algo verdaderamente tenebroso: A. Einstein y otros físicos del siglo pasado, desarrollaron la teoría de la Relatividad a sabiendas que era falsa, con un objetivo prioritario, ocultar que el sistema de Copérnico era y es erróneo, tal como lo demostraba el resultado negativo del experimento de Michelson-Morley y hubiera que volver al geocentrismo. Aquí veremos que el modelo correcto es el de Tycho Brahe modificado, con la tierra fija y estática en el centro, la luna y el sol girando en torno a la tierra, y el resto de planetas, moviéndose orbitalmente respecto al sol, pero girando diurnalmente respecto al eje NS terrestre4. Un sistema que iremos analizando aquí (ver Figuras).
Galileo ¿ héroe o villano ?
Se ha venido presentando a Galileo como uno de los heroes de la ciencia, o como un paladín que lucha para liberar a la ciencia de la tiranía de la Iglesia, así no es dificil ver en libros y webs descritos sus numerosos descubrimientos, sus logros, sus batallas en defensa de la verdad del heliocentrismo. Se le describe como el padre de la astronomía moderna, el padre de la física moderna y el padre de la ciencia, y es muy común llamarle el primer científico moderno. Sin embargo, las investigaciones serias nos dan una visión muy diferente de Galileo. Por ejemplo, Arthur Koestler dice:
Dado todo lo que se asegura de él, lo que Galileo no hizo es seguramente menos conocido. Contrariamente a estos dichos incluso en los ambientes actuales de la ciencia, Galileo no inventó el telescopio; ni el microscopio; ni el termómetro, ni el reloj de péndulo. Tampoco descubrió la ley de inercia; ni el paralelogramo de fuerzas o movimientos; ni las manchas solares. Realmente no hizo ninguna contribución a la astronomía teórica; no arrojó objetos pesados desde la torre de Pisa, y no probó la verdad del sistema de Copérnico. Tampoco Galileo fue torturado por la Inquisición, ni se consumió en sus mazmorras, ni dijo nunca “eppur si muove” y tampoco fue un mártir de la ciencia”4.
La verdadera batalla se ha dado en un nivel muy distinto, por aquellos que siguiendo oscuros intereses han dirigido a la ciencia, no en busca de la verdad sino por la vía de dañar todo lo posible la credibilidad de la Iglesia Católica. Así, no es nada extraño reconocer cómo la versión de la historia de Galileo que se ha venido transmitiendo, es muy diferente de lo que realmente aconteció. Galileo, quizás sin proponérselo, obtuvo para sí la triste proeza de liderar la rebelión cívica, sin ninguna prueba y sin la más mínima justificación, que repudiaba el modelo cosmológico geocéntrico para intentar sustituirlo por el heliocéntrico, despreciando con ello las sentencias y decretos formales del Santo Oficio, y siendo, además, el pionero en despreciar la inerrancia de las Sagradas Escrituras, no importándole recurrir a retorcer el sentido de versículos bíblicos inspirados por el Espíritu Santo para acomodarlos a su hipótesis astronómica errónea. Otros vendrían después y explotarían la vía abierta por Galileo, el modernismo y la injusta ruptura ciencia-teología.
Muchos católicos se han venido preguntando por qué la Iglesia se equivocó al condenar a Galileo. Apresurémonos a decirles que la Iglesia no se equivocó, es impensable que lo hiciera, la Santa Iglesia Católica es indefectible, es decir, libre de defectos (en su ser y en sus actuaciones, no en las de sus miembros particulares). Y es indefectible para que así tenga auténtico sentido su fidelidad a la misión de conservar y transmitir libre de errores la revelación divina, que no olvidemos es un mandato explícito de Cristo, Hijo del Dios Altísimo. En aquél tiempo, el Santo Oficio tuvo la necesidad de condenar a Galileo por herejía y por enseñar doctrinas erróneas (sobre la presunta ‘rehabilitación’ de Galileo por Juan Pablo II hablaremos próximamente). Y la condena fue justa y absolutamente coherente con su misión de guardar la integridad de la Fe Católica. Galileo tuvo que enfrentarse al tribunal del Santo Oficio en dos ocasiones. La primera en 1616, cuando había publicado un libro analizando las manchas solares, entonces el Santo oficio condenó las dos siguientes afirmaciones suyas:
I. El sol es el centro del cosmos (del mundo) y permanece completamente inmóvil.II. La tierra no es el centro del cosmos, no está inmóvil, sino que se mueve en su conjunto alrededor del sol, y también gira sobre sí misma.
La primera afirmación fue declarada absurda en filosofía y formalmente herética, en cuanto que contradice expresamente la doctrina de las Sagradas Escrituras en muchos pasajes, tanto en su significado literal como la interpretación general de los Padres y Doctores. En cuanto a la segunda afirmación, la sentencia dice que merece la misma censura en filosofía, y que desde el punto de vista teológico, es al menos errónea en la fe. Galileo fue amonestado, y conminado a no enseñar, ni escribir, ni defender tales heréticas e incorrectas doctrinas. Sin embargo, en 1632, Galileo publica fraudulentamente Dialogo sobre los dos Sistemas de Mundo, en el que con todo descaro, e incluso, con auténtico dogmatismo, defiende el sistema de Copérnico y ridiculiza el sistema geocéntrico tradicional. Eso le supondría en 1633 el segundo proceso ante el Santo Oficio. Como se desprende de este escrito, así como de la extensa carta a la Gran Duquesa Cristina, Galileo dudaba de la inerrancia de las Escrituras, en concreto pretendía –contradiciendo directamente la sesión IV del Concilio de Trento- que aunque en materias de fe y moral las Escrituras no yerran, sí lo hacen en materia física (‘científica’). Por tanto, el delito de Galileo no solo concernía al campo de la cosmología, sino, sobre todo al doctrinal. Su error fue dudar de la inerrancia de las Escrituras en materia científica. Con posterioridad al Concilio de Trento, tanto Benedicto XV como León XIII han reafirmado la integridad de las Escrituras en todas sus partes y en todos sus significados, tanto físico como espiritual, tanto natural como sobrenatural.
La sentencia que Galileo recibió del Santo Oficio puede leerse en: http://www.euskalnet.net/jcgorost/sentencia.pdf
Con Galileo y el heliocentrismo se inició un ataque directo a un punto fundamental de la fe cristiana, a saber, que las Sagradas Escrituras están divinamente inspiradas y son inerrables en todas sus partes y significados, y que en su interpretación no nos podemos separar del común acuerdo de los Padres de la Iglesia. Por otra parte, este desgraciado asunto sirvió a sus enemigos para justificar la supuesta separación entre la fe y la ciencia. Para ello tuvieron que basar la ciencia –no la fe católica obviamente- en una falsedad, al que luego le seguirían una sucesión ininterrumpida de otras.
La inédita retractación de Galileo.
El doctor en teología Robert Sungenis, en su obra “Galileo was wrong, the Church was right” destapa una conjura de gran alcance contra la Iglesia. Pues no sólo están distorsionados casi todos los datos históricos sobre este asunto, sino se ha ocultado deliberadamente datos vitales como el siguiente: Galileo se convirtió decididamente al Geocentrismo y repudió de corazón toda interpretación científica contraria a las Sagradas Escrituras. El 29 de Marzo de 1641, Galileo respondió a una carta que había recibido de su colega Francesco Rinuccini (fechada el 23 de ese mes) contando entusiasmadamente el presunto hallazgo, por el astrónomo Giovanni Pieronni, del paralaje de una estrella, lo cual –como veremos en la discusión científica- era considerado erróneamente como una prueba indiscutible del heliocentrismo. Galileo le escribió una contundente respuesta que, lo más seguro, dejaría helado a Rinuccini:
La falsedad del Sistema de Copérnico no debería ser cuestionada por nadie, y menos, por los Católicos, pues nosotros tenemos la indiscutible autoridad de la Sagrada Escritura, interpretada por los más eruditos teólogos, cuyo consenso nos da certeza en lo relativo a la inmovilidad de la Tierra. Las conjeturas utilizadas por Copérnico y sus seguidores manteniendo la tesis contraria están todas refutadas suficientemente por el argumento más sólido de la omnipotencia de Dios. Él es capaz de realizar por diferentes caminos, en realidad un número infinito de caminos, cosas que en nuestra opinión y observación, parecen ocurrir en un particular camino. Nosotros no deberíamos buscar cortar la mano de Dios e insistir atrevidamente en algo más allá de los límites de nuestra competencia.5
Los libros y artículos sobre la vida de Galileo están llenos de sus hazañas, pero casi ninguno cita este pasaje de la retractación de su pasado heliocentrista. Y hay una razón para ello, la carta ha estado oculta al público durante los últimos cuatro siglos. Al fin, en 1909, la retractación de Galileo fue rescatada de la censura para ser unida con el resto de sus cartas, sin embargo, ésta tiene una característica que la distingue del resto, la firma ‘Galileo Galilei’ ha sido intencionadamente raspada con la intención de hacerla ilegible. Como se desprende del texto de esta retractación, sus palabras aparecen directas y firmes, como quien está absolutamente seguro de lo que afirma. Lejos de ser un héroe de la moderna cosmología, Galileo, muy poco antes de su muerte, se había convertido en su más firme adversario, un hecho que la historia de la ciencia ha pretendido ocultar.
Juan Carlos Gorostizaga
Profesor de Matemática Aplicada
Asociación de Docentes Santo Tomás de Aquino

NOTAS:
[1] Es difamatoria la leyenda negra que afirma que con anterioridad a 1492 los cristianos pensaban que la Tierra era plana. Todos los Padres de la Iglesia hablan de su esfericidad en sus escritos, no sólo porque esto era ya conocido por los antiguos griegos, hebreos, egipcios, etc., sino porque hay versículos en las Sagradas Escrituras que lo enseñan (ej.: Jb 26,10). El propio Stephen J. Gould en el artículo “The Persistently Flat Earth”, Natural History, Marzo 1994, dice: “entre los eruditos nunca hubo un periodo de creencia en una tierra plana”.
[2] Que la Iglesia sea indefectible significa que posee un carisma recibido de Dios mediante el cual, en su acto esencial de conocimiento, de expresión y de predicación de la revelación divina que le ha sido confiada, no puede equivocarse. 
[3] R. Sungenis & R. Bennett. Galileo was Wrong, the Church was RightThe Catholic Apologetic International Publishing. Esta obra de dos tomos, y más de 1200 páginas, ha sido fundamental para que escribamos esta serie de posts. Es una obra imprescindible para todo científico católico. Gracias al trabajo de los doctores Sungenis y Bennett, hoy hay varios científicos católicos trabajando en el geocentrismo. También, gracias a esta obra, varios protestantes se han convertido a la Iglesia de Roma.[4] Arthur Koestler, The Sleepwalkers. Pag. 358.
[5] La carta está almacenada en los Archivos raros de la Biblioteca Nacional de Florencia, cabinat n.9, carpeta n.5, 33 y está manuscrita por Vincenzio Viviani, puesto que Galileo había perdido la visión de ambos ojos en 1641.
LECTURAS COMPLEMENTARIAS:
Robert Sungenis & Robert Bennett . "Galileo Was Wrong The Church Was Right". http://galileowaswrong.blogspot.com/ ;http://www.catholicintl.com/
- Walter Van der Kamp . “
De Labore Solis”. http://www.alcazar.net/Labor_Sun.pdf
- Solange S. Hertz. “
What’s Up?”. http://ldolphin.org/geocentricity/Hertz.pdf
- Paula Haigh. “Galileo’s Heresy”. 
http://ldolphin.org/geocentricity/Haigh2.pdf
- Paula Haigh. “
Galileo’s Empiricism-And Beyond”. http://ldolphin.org/geocentricity/Haigh.pdf
- Solange S. Hertz. “
The Scientific Illusion”http://ldolphin.org/geocentricity/Hertz2.pdf

4 comentarios:

  1. Aunque no viene al tema, Robert Sungenis es excelente apologista, destrozando argumentos protestantes en sus debates

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  2. Esa cita de Job 26:10 no dice nada de que la tierra sea redonda.

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  3. Me espanta professor o senhor defender tão verdadeiramente o geocentrismo e ao mesmo tempo negar a terra plana. A Biblia toda fala de uma terra plana. Sabemos que com essa teoria do heliocentrismo vem as teorias da evolução, gravidade, relatividade, big bang, e tudo isso tem sempre o mesmo objetivo, destruir a fé catolica e negar DEUS. Essas teorias são coisas absurdas que contrariam os nossos sentidos, que taparam nossos olhos e chegaram a nos fazer acreditar que nós, as coisas e as aguas ainda que se encontrem na parte inferior da bola giratória nos mantemos de pe´e nunca jamais nos percebemos que a terra se move e onde está essa curva.

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    1. Estimado, los argumentos de la Tierra plana no se sostienen, son absurdos, nada científicos y contrarios a la Escritura e interpretación de los Padres de la Iglesia.
      Por ejemplo, la atmósfera tiene propiedad de reflectar la luz entrante en pequeños ángulos de forma que se permite ver objetos por debajo de la visual horizontal. Eso, evidentemente, no es ninguna prueba de la Tierra plana, etc.

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