miércoles, 27 de febrero de 2013

Presentación libro "Sin embargo no se mueve"

El día 22 de febrero de 2013 tuvo lugar en el Colegio de Doctores y Licenciados de Murcia la primera presentación del libro Sin embargo no se mueve. Dejo los vídeos a continuación:





viernes, 15 de febrero de 2013

Equivalencia cinemática y dinámica entre el sistema heliocéntrico y geocéntrico de Tycho Brahe

El 31 de enero de 2013 fue publicado el artículo:
Newtonian–Machian analysis of the neo-Tychonian model of planetary motions
en European Journal of Physics. Por las condiciones de la revista, no puedo reproducir el artículo, sin embargo indico su abstract:

The calculation of the trajectories in the Sun–Earth–Mars system is performed using two different models, both in the framework of Newtonian mechanics. The first model is the well-known Copernican system, which assumes that the Sun is at rest and that all the planets orbit around it. The second is a less wellknown
model, developed by Tycho Brahe (1546–1601), according to which the Earth stands still, the Sun orbits around the Earth, and the other planets orbit around the Sun. The term ‘neo-Tychonian system’ refers to the assumption that orbits of distant masses around the Earth are synchronized with the Sun’s orbit. It is the aim of this paper to show the kinematical and dynamical equivalence of these systems, under the assumption of Mach’s principle.

miércoles, 13 de febrero de 2013

Respecto al artículo publicado en La Opinión


Me veo obligado hacer varias precisiones respecto al artículo sobre mi libro Sin embargo no se mueve, publicado en La Opinión el 7 de febrero.
            En el artículo hay sendas imprecisiones, se afirma que he dicho lo que no he dicho, se entrecortan las palabras (no digo que sea intencionadamente, la revista duró media hora por teléfono), se sacan del contexto, y sobre todo no viene lo que sí quise que estuviera.
            Precisaré pues lo más importante. No dije que apoyo creacionismo, de hecho no me gustan ni el socialismo, ni el comunismo, ni el liberalismo (que vean muchos de los artículos escritos en mi blog en Infocatólica), y en general ningún ismo, porque en ellos priva la idea frente a la persona. Lo que sí dije es que como creyente creo en la Creación, y por lo tanto lo que defiendo sería más fácilmente comprendido en América (donde el 40% de la población rechaza la evolución, o es considerada creacionista), que por ejemplo en Europa, que es más secular y atea.
            En cuanto al geocentrismo, tendré que tal vez recordar la reflexión del marxista romántico Ernst Bloch (parece que en general a los marxistas se le permite opinar sin muchos límites, incluso en la esfera de lo políticamente incorrecto):
            Según [Ernst] Bloch, el sistema heliocéntrico – así como el geocéntrico – está basado sobre presuposiciones que no pueden ser empíricamente demostradas. Entre éstas, un papel importante desempeña la afirmación de la existencia de un espacio absoluto; esta es una opinión que, en cualquier caso, ha sido anulada por la Teoría de relatividad. Bloch escribe, en sus propias palabras: ‘a partir del momento que, con la abolición de la presuposición de un espacio vacío e inmóvil, el movimiento ya no es más producido hacia algo, sino que hay sólo un movimiento relativo de cuerpos entre sí, y por lo tanto la medida de aquel [movimiento] depende en alto grado de la opción de un cuerpo para servir como un punto de referencia, en este caso ¿no es simplemente la complejidad de cálculos que hace poco práctica la hipótesis [geocéntrica]? Entonces como ahora, uno puede suponer que la tierra está fija y el sol como móvil”.
            El que recordó estas palabras de Bloch fue el entonces Cardenal Ratzinger, el 15 de marzo en Parma (Italia) cuando daba una conferencia sobre el caso Galileo. Fueron estas palabras las que provocaron el boicot a la conferencia inaugural del Papa en la Universidad de Sapienza hace pocos años, no porque fuera el Papa, sino porque tocó este asunto, incluso en los términos arriba señalados.
            Esta postura científica que recordaba Bloch tendría que ser archiconocida por todos, sin embargo no lo es, de allí entre otras cosas el revuelo que se formó.
            Es cierto que en el libro citado los autores defendemos el geocentrismo no como hipótesis, sino como una tesis, pero también subrayé que (lo cual consta también en el mismo libro) que si los experimentos diseñados para detectar el movimiento de la Tierra en los últimos 150 años se realizasen en la Luna o al bordo de un satélite, no siendo ya proclamados nulos porque confirmaban paradójicamente la inmovilidad de la Tierra, indicasen un argumento contrario a lo que defiendo, me vería obligado a reconsiderar mi postura, que por cierto, sigue siendo la misma porque no tengo argumentos para pensar lo contrario.
            Dije que la fe no es irracional ni es compatible con un absurdo, Dios no puede construir un triángulo de cuatro vértices o hacer el mal, pero como persona religiosa admito la certeza de la siguiente y obvia frase: la Tierra se mueve, o no, no excluyendo ese “o no”, debido a que por la misma fe no me niego a aceptar como posibilidad la posición central de la Tierra en el universo, como lugar privilegiado para el ser humano, coronación de la Creación. Lo que observo en el mundo creado no me contradice tal afirmación.

sábado, 9 de febrero de 2013

Precisar unas ideas


Algunas veces la primera obligación de un hombre inteligente es reexaminar lo obvio.
(George Orwell)

De la carta a un periódico:

                Estimado, empiezo esta breve descripción de lo tratado en el libro Sin embargo no se mueve, con esta frase lapidaria de Orwel. Efectivamente, puedo hablar solamente con aquellos que sean capaces de admitir la siguiente frase como verdadera: “la Tierra se mueve, o no”, lo cual debería ser obvio, sin embargo no lo es tanto.

                Respondo de forma unificada a sus preguntas:
¿Con qué datos pueden afirmar que la Tierra es el centro del universo?
¿Su idea es contraria a cualquier otro planteamiento científico?
¿Cuentan con apoyos de la comunidad científica?
¿Consideran que la Tierra no es un planeta?
¿Su visión es exclusivamente católica?

                En primer lugar debemos diferenciar la interpretación de la realidad, de la realidad misma. Que dos modelos, el heliocéntrico y el de Tycho Brahe (ligeramente modificado) sean geométricamente equivalentes, es archisabido. Pero esa equivalencia se prolonga también en varios aspectos físicos. En ese sentido, comenzamos el libro refutando las “pruebas” de Galileo, algunas de las cuales todavía se presentan como válidas.
               
                Eso ya es bien conocido. Ya en 1975, Carl E. Wulfman (University of the Pacific) en su carta a Mr. Roush (citado en “Galileo to Darwin” por P. Wilders, Christian Order, April 1993, p. 225.), decía: “He dicho en mi clase que si Galileo tuviera que afrontar el juicio de la Iglesia en los tiempos de Einstein, perdería su causa por argumentos mucho más fuertes. Puede utilizar mi nombre si lo desea.”

                En el mismo sentido, nada menos que el P. Walter Brandmüller, el Presidente del Pontificio Comité de Ciencias Históricas decía recientemente:
“La condenación de las posturas de Galileo sobre la posición fija del sol y el movimiento de la tierra, que es tan a menudo descrita como un error del Magisterio de la Iglesia, es probada bajo la investigación más detallada como justificada en su tiempo… Más todavía, los hallazgos científicos más recientes reivindican la Iglesia de 1633”.

                En ese sentido, en la actualidad se utilizan, como modelos válidos, los geocentrismos de Fred Hoyle, Einstein, Thirring, Rosser, Bondi, Lemaître-Tolman-Bondi Model, Brill – Cohen, Moon y Spencer, Møller, Brown, Nightingale, Lynden-Bell, Barbour y Bertotti.

                Nosotros, naturalmente, junto con algunos geocentristas americanos, como Robert Bennett, doctor en la Relatividad General por el Stevens Institute of Technology, autor del capítulo 10 del libro Galileo Was Wrong, The Church Was Wright  I, es decir de detallada, técnica y matemática explicación de varios argumentos a favor de geocentrismo. Asesor de todo el proyecto del libro GWR, cuyo principal autor es el apologeta amereciano Robert Sungenis; nosotros pues no solamente interpretamos mediante un modelo válido la realidad, sino encima, por colmo si queréis, que efectivamente la Tierra está en el centro del universo quien es el gira alrededor de la Tierra (por cierto, al ser la Tierra el centro del universo, en ese sentido obviamente no es un planeta.) Todo eso a base de extensos argumentos que abordamos en el libro.

                Seguimos pues respondiendo en el siguiente capítulo del libro a las objeciones comunes al geocentrismo: paralaje, aberración, péndulo de Foucault, velocidades enormes que alcanzarían los límites del universo (finito y abierto) al girar alrededor de su centro, el tema de satélites, etc.

                Para resumir, indicamos que en este tipo de “pruebas” se comete esencialmente el error de razonamiento consistente en aplicar malamente el modus poniendo ponens. Es decir, si P implica Q, y Q es cierto, no se puede necesariamente deducir que P sea cierto, ya que si existe otra causa P1 tal que implique Q, la misma realidad Q puede ser producida por dos causas diferentes. Por ejemplo, el péndulo de Foucault va a girar tanto si la Tierra rota, como si es el universo entero el que rota, según el principio de Mach, etc.

                A continuación tratamos las evidencias telescópicas, no pruebas, de que la Tierra está efectivamente en el centro. A esa conclusión ya llegaba Ewin Hubble, pero a la cual rechazaba como un “horror”, algo “intolerable” o como un “pensamiento depresivo”. Citamos las evidencias de Gamma-Ray Bursts, Quasars, BLac and X-Ray Bursts, Galaxies: Spheres of Stars around the Earth as Center, Spectroscopic Binaries and Globular Clusters, The Sloan Digital Sky Survey, etc. Nosotros, como admitimos aquel: “o no”, no estamos depresivos para nada.

                Pasamos a abordar a continuación las evidencias experimentales de que la Tierra no se mueve. Son, unos famosos otros no por ser de facto relegados a segundo planos por ser incómodos, los experimentos de Airy, Michelson, Michelson-Morley, Sagnac, Michelson-Gale, anomalía ARA, paradoja lunar,  etc.

                Todos estos experimentos tienen una clara, evidente, interpretación geocéntrica. Para evitarla se tuvo que recurrir a la teoría de la Relatividad Especial y luego General, de la cual mostramos sus incogruencias y que las pruebas a favor de tal no son concluyentes, que por otra parte es secreto a voces. Es más, más de un doctor en física ha reconocido que solamente en los últimos años ha sabido de la existencia de los experimentos de Sagnac (1913) y de M-G.

                Ahora llegamos a la parte más difícil para muchos. ¿Cómo es posible que hemos estado en el error durante cuatro siglos, se preguntarán tantos? ¿Pero no es el hecho de que la tierra orbita alrededor del sol realmente un hecho incuestionable, que no admite discusión, archiprobado y sabido? Pues no. Lo difícil en toda esta cuestión es dar su brazo a torcer, reconocer que tal vez (incluso eso) la ciencia (¿sería la primera vez?) se ha equivocado. Al final, se trata de una prueba de honestidad intelectual y valor. Porque, comprenderá, decir esto significa exponerse a un escarnio voluntario para el que muchos no ven sentido, no saben por dónde cogerlo, ¿está loco?, ¿es un fideísta?, ¿se le ha ido la cabeza?, ¿quiere ganar dinero aunque le den por todos lados?... Aquí no cuadra nada, excepto la búsqueda apasionada de la verdad.

                Retamos, junto con otros geocentristas, a la comunidad científica a que realicen en la luna (o satélites) los experimentos diseñados para detectar su supuesta velocidad orbital. ¿Qué es lo que vamos a obtener? A decir la verdad, eso mismo (aunque dando el heliocentrismo como válido) piden algunos relativistas. Pero si los que evitan la interpretación geocéntrica de citados experimentos recurren, como única salida, a que, sin prueba alguna, con velocidad tiempo se dilata, la longitud se contrae, masa aumenta; no por favor, no recurrimos a esa “física de la desesperación” como llamó Poincaré a las ecuaciones de contracción de Lorenz.

                Unos me dicen, ¿y cómo te imaginas la Tierra “suspendida sobre vacío” sin moverse? (De paso digo que se trata de efecto giroscopio aplicado para el centro de masa), le respondo ¿y cómo cree usted que todo ha salido de ese “huevo cósmico” dando por hecho que toda la materia del universo está allí comprendida de alguna forma? ¿Y sobre qué está suspendido ese “huevo cósmico”? Para tantos será descerebrado y ridículo lo que digo, pero para mí es sobremanera inconsistente tal afirmación, a la cual no tengo ni argumentos, ni obligación intelectual alguna de seguir.

                Por fin, llegamos a la parte más peliaguda (para nosotros una parte muy natural) del asunto. ¿Qué tiene que ver esto con la religión, en concreto la católica? Bueno, aclaramos que se trata de nuestra postura particular, que sin embargo vemos perfectamente coherente con nuestra fe. Si la viéramos absurda, no podríamos defenderla. Porque creemos que Dios no es capaz, siendo omnipotente, de crear un triángulo de cuatro vértices. Es decir, Dios no puede crear un absurdo, como tampoco puede hacer el mal. La razón no puede contradecir la fe. Como decimos al principio de la obra: Hay algo indómito en el hombre de todas las épocas: es su sed de la verdad. Hasta el punto de que no se puede tener felicidad sin defender la verdad. Pero las verdades crecen en la sombra de la Verdad; son amigas de la Verdad. Es más, es la Verdad la que impulsa al hombre a buscarla y a amarla.


                Me temo que me he extendido, tal vez la parte filosófico y religiosa es la que menos he tratado, pero si usted lo solicita, le escribo más en otra ocasión. Terminaré con el último párrafo del libro:

Erich Fromm escribió su obra famosa El miedo a la libertad.
Pensamos que hay un miedo mucho mayor, opresor e injusto. Es el miedo a Dios. Para no tenerlo, muchas veces, creemos las más de las veces, hay que vencer el miedo a la verdad. El miedo a actuar en consecuencia con ella. Es, en definitiva, a lo que invitamos a los lectores. A buscarla, a encontrarla, a defenderla.

miércoles, 6 de febrero de 2013

Sin embargo no se mueve


Sin embargo no se mueve


Puedo hablar solamente con aquellos que sean capaces de admitir la siguiente frase como verdadera: “La Tierra se mueve, o no.”
Es decir, el diálogo es imposible con aquellos que admiten como cierta per se solamente una de las dos afirmaciones, sin considerar la otra.
Bueno, sin buscarlo ni hacer publicidad nosotros todavía, menos Juan Carlos Gorostizaga en su humilde blog de google a unos días de la publicación del libro Sin embargo no se mueve, por la sola publicidad de la editorial americana de autoedición, Lulu, empezó a circular la noticia por la red. Que si una entrevista en la radio de unos minutos, que si otra, ahora me llamaron de la prensa local, no me ha dejado tiempo para escribir tranquilamente una reseña del libro, como me suele gustar. Es más, parece que debo hablar de todo lo que escribimos, lo cual es imposible.
No obstante, procuraré en poco tiempo transmitir lo esencial. Un libro de 310 páginas no puedo resumir en unos folios. Tal vez más adelante escriba más, ahora solamente lo imprescindible. Echaré mano de unos vídeos, lamento que sean solamente en inglés, pero son bastante buenos y comentan en lo esencial algunos de los experimentos abordados en el libro.
El motivo de publicarlo en Lulu.com es porque obtuvimos la negativa en un par de editoriales en las que confiábamos que van a aceptar este libro para su publicación, pero creemos que el tema les ha asustado. Habrán tenido que sopesar las consecuencias que tal vez tendrían que afrontar por su publicación, ya que lo tratado se puede considerar de una especie de herejía científica. Fuera lo que fuera (por el motivo anterior ni siquiera se lo ofrecimos a Vita Brevis), no sea que se vean perjudicados. De allí pues, el publicarlo en esta editorial, con un precio asequible. Nos gustaría organizar una visita a España de uno de los máximos defensores de esta temática en el mundo, a Robert Sungenis y a Robert Bennett.
Robert Sungenis,


es conocido apologeta americano, autor de numerosos libros y ensayos. Su tesis doctoral Galileo Was Wrong, The Church Was Wright de 700 páginas en el volumen 1º de su obra (el vol. 2 de 460) trata de geocentrismo en su perspectiva científica, apoyado por los comentarios y aportaciones de R. Bennett, doctor en la Relatividad General por el Stevens Institute of Technology, autor del capítulo 10 del citado Vol. I, es decir de detallada, técnica y matemática explicación de varios argumentos a favor de geocentrismo. Asesor de todo el proyecto del libro GWR.
Después de la demostración de que las pruebas de Galileo eran formalmente inválidas, y que la postura de San Bellarmino ha sido intachable, como consta de por ejemplo de este punto de su carta a Fr. Foscarini (carmelita), un discípulo de Galileo:
“Tercero. Yo digo que si hubiera una verdadera demostración de que el sol está en el centro del universo y la tierra en la tercera esfera, y que el sol no viajara alrededor de la tierra, sino que la tierra circulara el sol, entonces podría ser necesario proceder con gran cuidado al explicar los pasajes de la Escritura que parecen contrarios, y deberíamos más bien decir que no los comprendimos, antes que decir que alguno era falso como se ha demostrado. Pero yo no creo que haya una tal demostración; ninguna me ha sido mostrada.” (Negritas son mías)
Pues eso es lo que afirmamos en el libro, Pero yo no creo que haya una tal demostración; ninguna me ha sido mostrada,”. Es decir, ya en 1975, Carl E. Wulfman (University of the Pacific) en su carta a Mr. Roush (citado en “Galileo to Darwin” por P. Wilders, Christian Order, April 1993, p. 225.), decía: “He dicho en mi clase que si Galileo tuviera que afrontar el juicio de la Iglesia en los tiempos de
Einstein, perdería su causa por argumentos mucho más fuertes. Puede utilizar mi nombre si lo desea.”
Es decir, el P. Walter Brandmüller, el Presidente del Pontificio Comité de Ciencias
Históricas decía recientemente:
“La condenación de las posturas de Galileo sobre la posición fija del sol y el movimiento de la tierra, que es tan a menudo descrita como un error del Magisterio de la Iglesia, es probada bajo la investigación más detallada como justificada en su tiempo… Más todavía, los hallazgos científicos más recientes reivindican la Iglesia de 1633” …
pero nosotros encima, y por supuesto, afirmamos a base de todo lo expuesto en el libro que el universo entero gira alrededor de la Tierra.
El índice del libro es el siguiente:
ÍNDICE
Introducción ……………………………………………………………………………….. 1
CAPÍTULO I
ARGUMENTOS EN EL JUICIO A GALILEO. SU VALIDEZ
Galileo y su prueba inválida de las manchas solares ………………………. 11
La prueba de las fases de Venus y el doble error de Galileo ……………. 18
Galileo y las mareas …………………………………………………………………… 24
¿La existencia de mareas prueba el movimiento de la Tierra? ………… 27
La sabiduría de San Roberto Bellarmino ……………………………………… 29
La santa y prudente defensa de la Iglesia contra la imposición del
heliocentrismo …………………………………………………………………………… 32
La manipulación del caso Galileo ………………………………………………… 41
La sentencia de Galileo ………………………………………………………………. 43
La inédita retractación de Galileo ……………………………………………….. 48
Galileo y la caída del orden científico ………………………………………….. 52
¿Ha rehabilitado la Iglesia a Galileo? ………………………………………….. 67
El discurso de S.S. Juan Pablo II ante la P.A.S………………………………. 66
CAPÍTULO II
LAS OBJECIONES COMUNES AL GEOCENTRISMO
Equivalencia entre los sistemas heliocéntrico y geocéntrico …………… 77
Según las leyes de Newton, ¿no tiene que rotar siempre el cuerpo
menor en torno al mayor? …………………………………………………………… 80
Las fases de Venus ¿no descartan el geocentrismo? ………………………. 81
El movimiento retrogrado de Marte, ¿no prueba el heliocentrismo? …. 82
El paralaje estelar no prueba el movimiento terrestre …………………….. 83
Algo más sobre el paralaje y las distancias estelares ………………………. 84
El paralaje estelar y/o la aberración estelar son pruebas ¿de qué? ……. 86
La diferencia entre paralaje aberración. ……………………………………. 91
La aberración desde el geocentrismo …………………………………………… 92
Otros problemas con la aberración ………………………………………………. 92
El péndulo de Foucault no prueba el movimiento de la Tierra …………. 94
La objeción nº 1: Si la Tierra estuviera en el centro del universo,
entonces los astros más alejados se desplazarían con velocidades
superiores a la velocidad de la luz. Eso es imposible. …………………… 96
VI
Puntos de Lagrange y Heliocentrismo …………………………………………. 109
La NASA no dice la verdad ……………………………………………………….. 113
La real Paradoja de los gemelos …………………………………………………. 117
El perihelio residual de Mercurio como “prueba” de la Relatividad
de Einstein ……………………………………………………………………………… 120
El eclipse de 1919 como “prueba"de la Relatividad ……………………… 123
Pero ¿no hay ninguna prueba a favor del heliocentrismo? ……………… 126
Una descripción del movimiento del sol en torno a la Tierra. …………. 127
CAPÍTULO III
LOS EXPERIMENTOS QUE CONFIRMAN QUE LA TIERRA
ESTÁ INMÓVIL EN EL ESPACIO
Los experimentos de Dominique François Arago …………………………. 137
Los experimentos de Augustin Fresnel ……………………………………….. 138
Los experimentos de Armand Fizeau ………………………………………….. 141
El sorprendente experimento de Airy ………………………………………….. 144
El experimento nulo de Michelson ……………………………………………… 147
El experimento de Michelson – Morley ………………………………………. 149
Interpretación geocéntrica de los resultados del experimento de
Michelson-Morley ……………………………………………………………………. 153
El experimento de Sagnac …………………………………………………………. 164
El experimento de Michelson-Gale …………………………………………….. 173
Anomalía A.R.A. ¿evidencia de no rotación? ………………………………. 177
Los experimentos LLR confirman el geocentrismo ………………………. 183
CAPÍTULO IV
EVIDENCIAS DE LA POSICIÓN CENTRAL DE LA TIERRA Y
LAS PARTICULARIDADES DE LA MISMA
En el fondo la Tierra ni puede girar …………………………………………….. 187
El universo geocéntrico en las revelaciones a Santa Hildegarda
de Bingen ………………………………………………………………………………… 191
La simplicidad geocéntrica del analema solar ………………………………. 200
Anisotropía y el “Eje del Maligno” …………………………………………….. 202
Prueba de que la Mecánica de Newton para describir el Sistema
Solar con el modelo heliocéntrico resulta imposible ……………………… 207
Sobre satélites geostacionarios ………………………………………………….. 212
Similitud entre el satélite MARISAT 3 y el sol …………………………….. 218
Datos recientes apuntando al geocentrismo ………………………………….. 220
VII
CAPÍTULO IV
GEOCENTRISMO Y CREACIÓN EN LOS PADRES DE LA
IGLESIA
Sobre la inerrancia de la Biblia ………………………………………………….. 225
El geocentrismo en los Padres de la Iglesia …………………………………. 231
La creación del firmamento y de la Tierra …………………………………… 234
La creación de los cuerpos celestes ……………………………………………. 237
Los Padres respecto al universo geocéntrico ……………………………….. 240
El consenso de los Padres respecto a la esfericidad de la Tierra …….. 244
Las citas bíblicas más destacadas que afirman o presuponen la
inmovilidad de la Tierra ……………………………………………………………. 245
EPÍLOGO
Creación y evolución. Sobre el pecado original …………………………… 251
¿Son infinitos el espacio, el tiempo, la materia? …………………………… 305
Conclusión ……………………………………………………………………………… 307
No se trata de ninguna “venganza” histórica, aunque el caso Galileo se ha manipulado sobremanera:
“Sacar la Tierra del centro del universo, significaba para la mentalidad moderna que la Iglesia se equivocó y que la Biblia es un cuento. Y que de paso Dios no existe. Fue la causa del regocijo y congoja de Nietzsche en Así habló Zaratustra: «¿A dónde se fue Dios?, gritaba. Os lo diré. Nosotros lo hemos matado – tú y yo. Nosotros somos sus asesinos. ¿Pero cómo lo hicimos? ¿Cómo hemos sido capaces de beber el mar? ¿Quién nos ha dado la esponja para absorber
el horizonte entero? ¿Qué hicimos cuando desencadenamos la Tierra de su sol? Dios ha muerto. Dios permanece muerto. Y nosotros lo hemos matado». Lo que se dijo a Natalia en Los vientos de Guerra no es menos suave: “El Cristianismo está muerto y tirado en la cuneta desde que Galileo le cortó el cuello.””
Se trata de un amor apasionado por la verdad, eso, y nada más.
De allí que el libro empieza con:
Algunas veces la primera obligación de un hombre inteligente es reexaminar lo obvio.
(George Orwell)
dice en el comienzo:
“Hay algo indómito en el hombre de todas las épocas: es su sed de la verdad. Hasta el punto de que no se puede tener felicidad sin defender la verdad. Pero las verdades crecen en la sombra de la Verdad; son amigas de la Verdad. Es más, es la Verdad la que impulsa al hombre a buscarla y a amarla.
y termina con:
“Erich Fromm escribió su obra famosa El miedo a la libertad.
Pensamos que hay un miedo mucho mayor, opresor e injusto. Es el miedo a Dios. Para no tenerlo, muchas veces, creemos las más de las veces, hay que vencer el miedo a la verdad. El miedo a actuar en consecuencia con ella. Es, en definitiva, a lo que invitamos a los lectores. A buscarla, a encontrarla, a defenderla.”
Dios todo lo hizo por ti.
A continuación algunos vídeos de interés:
El experimento de Airy:



El experimento de Sagnac:

Varios experimentos, sobre Foucault, etc:

Sobre la inconsistencia de Big Bang:





viernes, 21 de enero de 2011

¿Qué significa esto?

Un Retro-proyector sobre la superficie de la Luna

Los experimentos LLR prueban el geocentrismo

Por si todavía los experimentos de M-M, Michelson-Gale, Sagnac, Trouton-Noble, Thorndyke-Kennedy etc. no probaron fehacientemente que la Tierra se encuentra en reposo absoluto, ahora resulta que un experimento realizado por los técnicos del proyecto Apollo, el Lunar Laser Ranging Experiment, lo ha hecho más-allá-de-toda-duda, y sin embargo parece que se ha silenciado.

Los experimentos LLR consisten en enviar múltiples pulsos laser desde la Tierra hacia un preciso punto de la superficie lunar donde ha sido colocado un retro-reflector que refleja cada pulso haz laser de vuelta hacia la Tierra. El objetivo inicial era medir la forma exacta de la trayectoria lunar promediando los datos de las distancias obtenidas en distintos tiempos.

Así está reflejado en la web de APOLLO:

. . . the time it takes for the pulse of light to travel to the moon and back [from the earth]. . . anywhere from 2.34 to 2.71 seconds, depending on how far away the moon is at the time (the earth-moon distance ranges from 351,000 km to 406,000 km). We can time the round trip to few-picosecond precision, or a few trillionths of a second.
Retro-reflectores para el experimento LLR fueron ensamblados durante las misiones tripuladas Apollo 11, 14 y 15; otro fue también colocado por medio del vehículo espacial no-tripulado soviético Lunakhod 2. En total hay cuatro colocados en la Luna (hay 5 pero uno no funciona). Cada uno consiste en una serie de cubos (corner cubes) reflectores concentrados, que forman un tipo especial de espejo con la propiedad de reflejar un haz de luz entrante, y llegar a devolverlo en la misma dirección. Puede leerse más sobre reflectores lunares en la web oficial:
http://www.physics.ucsd.edu/~tmurphy/apollo/lrrr.html



Las pulsaciones del haz de laser se observan desde telescopios terrestres, y darían a los científicos la oportunidad de medir con precisión la distancia Tierra-Luna y así estudiar la forma de la órbita lunar. Se utiliza un haz laser porque esta luz puede enfocarse a grandísimas distancias con poca dispersión. Aún así, cuando llega a la superficie lunar el haz se ha dispersado hasta formar un círculo de unos 7 km de diámetro, y al retornar a la superficie terrestre alcanza hasta los 20 km de diámetro. Obviamente, la señal que llega a la Tierra es extremadamente débil, y para registrarla se necesitan largas exposiciones. Promediando la señal para un cierto tiempo, la distancia a la Luna podía medirse con una precisión de 3 cm; hay que tener en cuenta que la distancia media a la Luna es de unos 385.000 kilómetros.

De acuerdo al Heliocentrismo se tiene lo siguiente:

* Velocidad orbital de la Tierra alrededor del sol: 29,78 km/s
* Velocidad de rotación de la Tierra: 0,46 km/s (en el ecuador) – 0 km/s (en los polos).


A la hora de emitir el haz laser desde el telescopio terrestre, no tiene gran importancia la velocidad de rotación de la Tierra, puesto que para dirigir correctamente el rayo hacia el reflector sólo hay que tener en cuenta la velocidad relativa entre la superficie terrestre y la lunar. Sin embargo, esta velocidad rotacional debe ser tenida en cuenta para ubicar con precisión el telescopio receptor que captará la luz laser que retorna a la tierra, pues si por ejemplo el receptor terrestre estuviera en el ecuador, éste debería estar situado entre 2,34x0,46 (1,07 km) y 2,71x0,46 (1,25 km) del punto en que se emitió el haz laser, dependiendo del lugar que se encuentre la Luna (la luz tendrá entre 2,34 y 2,71 segundos de viaje). Si el experimento se realizase en el polo norte, no habría este inconveniente.

Pero la velocidad lineal tiene una desventaja superior, de acuerdo al heliocentrismo en esos 2,34-2,71 segundos la tierra se habrá desplazado una distancia entre 69,69 y 80,71 km en su trayectoria alrededor del sol. Por tanto, para el heliocentrismo el receptor debería colocarse, teniendo en cuenta la extensión de 20 km del haz laser, a una distancia entre 49,69 km y 60,71 km (a los que quizás habría que añadir los 1,07-1,25 km anteriores). Pero aún hay algo más, pues según los datos astrofísicos recientes el sol (con todo el conjunto de planetas) se está desplazando a una velocidad de 370 km/s hacia un punto de la constelación Leo. Por lo que habría que desplazar el receptor en unos 938 km más.
Prueba definitiva. La Tierra no se mueve, no rota.
 Y ahora viene el punto primordial, los experimentos LLR comenzaron a hacerse desde 1969, y se siguieron haciendo durante bastantes años, lo que no está registrado en los libros es cuándo los científicos encargados de estos LLR observaron por primera vez –con un lógico asombro- que ¡el lugar receptor y el emisor coincidían!. Es decir, el mismo telescopio terrestre que lanza hacia la luna los pulsos laser los recibe sin ningún problema. No hay ningún desplazamiento.

Conclusiones:
- La Tierra está estacionaria relativa al sol (la velocidad de traslación es v=0), por tanto es el sol el que orbita alrededor de la Tierra.
- La Tierra está estacionaria relativa a la luna, por tanto la luna orbita alrededor de la Tierra.
- La Tierra no rota en torno al eje norte-sur terrestre (la velocidad de rotación es nula), sino que las estrellas y todo el firmamento rotan en torno de ese eje.

lunes, 17 de enero de 2011

Geocentrismo vs heliocentrismo. (Parte III - última)

El geocentrismo en las Sagradas Escrituras.
A pesar de lo que decía Galileo, no hay ningún pasaje bíblico apoyando la hipótesis heliocéntrica, por el contrario se apuntan varios cientos a favor de la geocéntrica. Galileo utilizaba a su favor el pasaje de Josué mandando detenerse al sol en Gabaón (Jos 10,12-14) , pero los argumentos que aporta son de muy poco peso. Más claro no puede estar narrado: “Y el sol y la luna se detuvieron…” (Jos 10,13); una frase que no procede de Josué sino del Espíritu Santo. La afirmación es muy precisa ya que menciona, no sólo la detención del sol, sino la de la luna, que cumple la función de marcador referente, como un reloj parado indicando que se ha detenido el tiempo astronómico. Si Dios no dijera aquí la pura verdad muy bien se le podría acusar de ‘mentiroso’. El Magisterio dice: «… y está tan lejano de ser posible que cualquier error pueda coexistir con la inspiración, ya que la inspiración no sólo es esencialmente incompatible con el error, sino que lo excluye y lo rechaza tan absolutamente y necesariamente como es imposible que Dios mismo, la suprema Verdad, pueda pronunciar aquello que no es verdad» (León XIII en Providentissimus Deus 1893). La doctora en teología Paula Haigh afirma: «Quien mantiene que un error es posible en un pasaje auténtico de las Sagradas Escrituras está pervirtiendo la noción católica de inspiración, o bien está haciendo a Dios el responsable de ese error».
Entre los versículos más explícitos reafirmando el geocentrismo citemos también:
* “Pusiste la Tierra sobre sus bases para que ya nunca se mueva de su lugar” (Sal 104, 5).
* “
Dios la afirmó (a la Tierra) para que no se mueva jamás” (Sal 93,1), (I Cr 16,30). “El Señor afirmó la Tierra, para que no se mueva” (Sal 96,10b).
* “Dios extendió el norte (el firmamento) sobre el vacío y 
colgó la tierra sobre la nada” (Job 26,7).
* “Una generación se va y la otra viene, y 
la tierra siempre permaneceSale el sol, y se oculta, y vuelve pronto a su lugar para volver a salir. Sopla el viento hacia el sur y gira luego hacia el norte; dando vueltas y vueltas, y retorna sobre su curso” (Eclesiastés 1,4-6).
Este último es especialmente esclarecedor del geocentrismo, pues habla con una gran profusión de datos sobre la situación de reposo permanente de la tierra, así como del movimiento diurno del sol. Otro versículo que fue discutido en el primer proceso de Galileo es el siguiente:
* “Nace el sol por un extremo del cielo, y avanza por su circuito1 hasta llegar al otro extremo, sin que nada escape de su calor” (Sal 19,6).
La afirmación inspirada de (Sal 19,6) es de suprema importancia, pues conecta dos hechos científicos asociados al sol: (a) su movimiento circulatorio hasta completar una vuelta, y (b) su calor radiante por allí donde circula. Los exégetas siempre han dicho que habría una gran incongruencia en este pasaje si el Espíritu Santo hablara metafóricamente del primer hecho y literalmente del segundo, pues es un hecho indiscutible que el sol irradia energía a lo largo de su trayectoria.
El geocentrismo para los Padres y Doctores de la Iglesia.
En ningún momento los Padres mencionan que el sol sea el centro del universo, y tampoco mencionan que el sol se halle inmóvil. Por el contrario todos coinciden en decir que la Tierra es el centro del universo, así como que la tierra se mueve y su existencia es anterior a la del sol. Unos ejemplos de ello:
Mira primero el firmamento del cielo, que fue creado antes que el sol. Mira la tierra, que comenzó a ser visible y ordenada antes que el sol iniciara su curso.” (San Ambrosio, “Los seis días de la creación” 4,1).
Hay investigadores de la naturaleza que con grandes discursos dan razones para la inmovilidad de la tierra… no sin razón o por casualidad la tierra ocupa el centro del universo, su lugar natural. Por necesidad está obligada a permanecer en su sitio, a menos que un movimiento contrario a la naturaleza llegará a desplazarla de él”. (San Basilio, “Nueve homilías sobre el Hexameron”)
La noche acontece cuando el sol está bajo la Tierra, y la duración de la noche es el viaje del sol bajo la Tierra desde su puesta hasta su salida”. (San Juan Damasceno, “La fe ortodoxa”).
Al igual que los Padres de la Iglesia, todos los teólogos ortodoxos y doctores de la Iglesia han mantenido con firmeza la posición preponderante de la tierra en el firmamento y el movimiento real del sol, no concediendo ninguna posibilidad al sentido metafórico o simbólico de este movimiento solar. Así por ejemplo el cardenal Roberto Belarmino, santo y Doctor de la Iglesia (además fue profesor de Astronomía, entre otras en la Universidad de Lovaina), dejó escrito en una memorable carta del 12 de Abril de 1615:
« Decir que asumiendo que la tierra se moviera y el sol permaneciera fijo, las apariencias son salvadas mejor que con excéntricas y epiciclos, es hablar bien; no hay ningún peligro en esto y ello es suficiente para los matemáticos. Pero querer afirmar que el sol realmente está fijo en el centro de los cielos y únicamente revoluciona alrededor de sí (girando a través de su eje) sin viajar de este a oeste, y que la tierra está situada en la tercera esfera y revoluciona con gran velocidad en torno al sol, es una cosa peligrosa, no sólo por irritar a todos los filósofos y teólogos escolásticos, sino también por injuriar nuestra Santa Fe y suponer falsas las Sagradas Escrituras. Su Reverencia ha demostrado muchas formas de explicar la Sagrada Escritura, pero no las ha aplicado en particular, y sin duda usted lo habría encontrado eso más difícil si hubiera intentado explicar cada uno de los pasajes que usted mismo ha citado».
2
El geocentrismo en las Revelaciones Privadas.
Las revelaciones del Señor a santa Hildegarda de Bingen.
Dios parece haber escogido a una mujer del medio de Europa, nacida en la Edad Media, para darle revelaciones dirigidas a todos los hombres para todos los tiempos. Particularmente importantes para nuestros tiempos son las revelaciones científicas, cuando los cristianos europeos han perdido ya la confianza en la inerrancia de la Biblia, y los científicos han optado irresponsablemente por la total ruptura entre la ciencia y la teología natural, y han abominado de la filosofía escolástica. Entre las revelaciones que recibió santa Hildegarda3 están los más sorprendentes tratados de cosmología jamás narrados, descritos con todo lujo de detalles, con sencillez pero dando respuestas a cuestiones que incluso la ciencia moderna se ha visto incapaz de dar soluciones.
Por ejemplo, en su obra “Liber divinorum operum” (1163-1174), Hildegarda aporta explicaciones sobre el origen de la gravedad, algo que no han logrado hacer los científicos en la total historia de la ciencia. También explica la naturaleza del espacio exterior y sus implicaciones, y explica la mecánica del movimiento solar y el sistema planetario desde una perspectiva tychonica, tal como la que defendemos nosotros aquí. Y lo hace más de 400 años antes que Tycho Brahe estableciera este sistema en completa oposición al sistema de Galileo. De acuerdo a las visiones de santa Hildegarda, la Tierra se encuentra inmóvil en el centro del universo, sirviendo como centro de los cuatro puntos cardinales del cosmos. Un universo que es finito y esférico. Sus visiones dejan perfectamente claro que todo el firmamento rota alrededor de la Tierra estática. Rodeando a la Tierra hay seis capas de diverso espesor compuestas de fuego, agua o aire4. Las dos capas más externas están formadas por fuego (plasma). Justo debajo de estas dos aparece una banda de éter. Puede verse en los gráficos que hemos preparado (Figura 14 a-b) el origen de las estaciones según estas revelaciones: el sol participa del movimiento rotacional de todo el firmamento, salvo que una corriente contraria del fluido éter le hace retroceder casi un grado al día, y otra corriente transversal le produce un giro de ascenso-descenso. Algunos escépticos acusaron a la abadesa de Bingen ante el Santo Oficio de estar poseída diabólicamente. Mientras la comisión nombrada por el papa Eugenio III (1145-1153) investigaba el caso Santa Hildegarda fue exorcizada preventivamente. Finalmente, el veredicto dictado por el obispo de Mainz, Monseñor Heinrich, fue que sus visiones tenían origen divino.
¿Ha sido revocada la condena de Galileo?
Durante el pontificado de Urbano VIII, en 1633, ante el Tribunal de la Inquisición, Galileo fue acusado y hecho abjurar –no por enseñar ciencia incorrecta- sino por sospechoso de herejía. Todos los libros afirmando que la Tierra se mueve fueron colocados en el Índice. En 1664, el Papa Alejandro VII sacó la bula Speculatores Domus Israel en la que fijaba un nuevo Índice condenando todos los libros “que enseñasen de cualquier modo el heliocentrismo”.
Poco después del Concilio Vaticano I de 1870, en el que se definió la infalibilidad del Papa, y a consecuencia del gran debate surgido por esa causa, un reverendo anglicano inglés, P. William Roberts, que erróneamente creía que el heliocentrismo había sido probado científicamente, realizó un laborioso trabajo5 recopilando los antiguos decretos de la Iglesia de Roma contra el heliocentrismo. Su objetivo era probar que los papas habían caído en el error cuando hablaban “ex cathedra”, paradójicamente su trabajo probando que los decretos papales habían mantenido invariable la condena del heliocentrismo, a pesar de toda presión externa e incluso interna, es ahora considerada por algunos como una excelente prueba de la infalibilidad papal, y ha supuesto para algunos protestantes geocentristas el motivo principal de su conversión a la Iglesia Católica de Roma.
Como ya hemos visto, el heliocentrismo no pudo ser probado científicamente (¡no es posible hacerlo!), a pesar de los grandes esfuerzos que desde 1887 se hicieron con los experimentos del tipo Michelson-Morley, sin embargo, quizás porque Galileo inicialmente afirmó que él lo había observado con su novedoso telescopio en el sistema de Júpiter y sus satélites (era una prueba incorrecta), o porque algunos clamaron erróneamente que los principios matemáticos de Isaac Newton lo probaban de manera formal, a pesar de todos los decretos condenatorios, esta herejía pronto se extendió por todas las universidades católicas y quedó fuera de control. En ello también influyó notoriamente la ansiedad de los protestantes por probar como fuera que los decretos papales de Roma eran falibles. Así llegó el convulso siglo XX con sus teorías científicas alienantes, como la Relatividad, el espacio-tiempo curvado, el Big Bang, los agujeros negros… que llevaron a la ruptura aparentemente definitiva entre la ciencia y la teología. Como dice Robert Sungenis6, a los apologetas de la Iglesia de este siglo sólo les quedaron dos opciones:
a) Aceptar las afirmaciones de los poderosos científicos, reafirmando la postura de Copérnico, “la tierra no es un lugar privilegiado”, y entonces tener que dar intrincadas explicaciones para seguir manteniendo que el Espíritu Santo guía a la Iglesia”.
b) Mantenerse firmes en la certidumbre que el Espíritu Santo guía a la Iglesiay por tanto concluir que el geocentrismo es una verdad, pese a las presiones fortísimas de los científicos y de quienes les apoyan.
Tristemente, la mayoría de apologetas optaron por la primera postura, y en su postura ultramontana retorcieron la doctrina de la Iglesia. Durante la primera parte del siglo XX, los papas aún no vieron la necesidad de estudiar este asunto. Pero al final del siglo XX, Karol Wojtyla, que tenía una gran formación en filosofía personalista, pero creía que el geocentrismo estaba científicamente refutado, consideró que había llegado el momento de tratarlo en serio, y en 1979 expresó su deseo de tener un amplio estudio del “caso Galileo”. En 1981 organizó una comisión para hacerlo, con miembros de la PAS como participantes preferentes, por lo que es pertinente conocer un poco la estructura de la PAS.
La Pontificia Academia de Sciencias (PAS) es la heredera de la Academia dei Lincei (Academia de Ciencias de Roma) establecida en 1603 por el pontífice Clemente VIII. Finalmente en 1936, Pío XI la reestructuró en su forma y nombre actual. Se describe la PAS como una fuente de información científica objetiva puesta al servicio de la Santa Sede y de la comunidad científica internacional. Los candidatos a ser miembros de ella son elegidos por la propia Academia y son nombrados por acto soberano del Santo Padre, y su pertenencia a la PAS es de por vida. Actualmente hay unos 90 miembros, 30 de los cuales han obtenido el Premio Nobel en sus respectivas especialidades. Lo novedoso del PAS del siglo XX y XXI, algo impensable en otras épocas, es que muchos de sus miembros no sienten ningún compromiso con el Cristianismo, y muchos de ellos se declaran y actúan como ateos o agnósticos. Tenemos claros ejemplos de ello en Stephen Hawking o en Paul Davies, que incluso alardean de ateísmo en sus obras divulgativas. En realidad, en los trabajos cosmológicos de la Academia hay una fuerte tendencia a adherirse a posturas contrarias a las enseñanzas oficiales de la Iglesia Católica7.
Respondiendo a una cuestión que le hicieron sobre la PAS, el Arzobispo Monseñor Luigi Barbarito, Nuncio Apostólico Emérito de Gran Bretaña, comentó: «Sobre este cuerpo yo diría que no tiene autoridad en materia de fe y de doctrina, y expresa únicamente las vistas de sus propios miembros que pertenecen a creencias de diversas religiones».
El 31 de Octubre 19928, después de recibir las conclusiones del larguísimo estudio de la comisión presidida por el Cardenal Paul Poupard, el papa Juan Pablo II dio un breve discurso ante la PAS. A pesar que se trataba de una sesión privada entre el papa y la Academia científica, toda la atención mundial pareció confluir allí ese día para escuchar el “mea culpa”de la Iglesia, que, por supuesto, no llegó. Las conclusiones del estudio que presentó el Cardenal Poupard -como era de prever- fueron muy condescendientes con la postura de Galileo y, en cambio, extremadamente críticas con la de los teólogos de la Iglesia. Luego le tocó el turno al Papa. En su breve discurso9, Juan Pablo II no aportó nada –oficialmente- nuevo sobre el caso, lo cual dejó muy contrariados a más de un miembro de la comisión, y probablemente también a los representantes de los medios informativos. El papa Juan Pablo II, a pesar de la neta carga heliocentrista que tenía que soportar mediante algunos díscolos miembros de la PAS, hizo un breve y discreto discurso con motivo de la presentación de las conclusiones por parte de la comisión encargada del estudio del ‘caso Galileo’. La mejor prueba de ello es el disgusto y enfado que se llevaron algunos miembros de esta comisión al escuchar este discurso ‘light’. Así por ejemplo, P. George Coyne, que fue miembro de esta comisión, lo catalogó en un escrito como un “intento de disipar el caso Galileo10, allí se lamentaba de que no apareciera en él ninguna mención al Santo Oficio, ni del mandato judicial de 1616 a Galileo, ni de la abjuración que se le ordenó, ni de la mención a los papas Paulo V ó Urbano VIII. En lo último, añadimos nosotros, el Espíritu Santo sí estaba actuando, y allí no hubo bula, ni encíclica, ni decreto, ni abrogación, ni derogación. Después de más de diez años de extenso trabajo de la comisión, el único resultado fue ese breve discurso –sin ningún compromiso- dirigido a un pequeño cuerpo de especialistas, y totalmente exento de retractaciones o levantamientos de la condena de Galileo, y por supuesto, Juan Pablo II no tuvo necesidad de pedir perdón de errores suyos ni de sus predecesores en materia de hermenéutica bíblica, errores que no se dieron factualmente.
A pesar de todo ello, fueron muchos los titulares de los medios de información que distorsionaron completamente el sentido del discurso: «Juan Pablo II reconoce el error que cometió la Iglesia con Galileo y pide perdón por ello». «El Vaticano rehabilita a Galileo»… Afirmaciones absolutamente tendenciosas. En estos titulares subyace el sueño ‘laicista’ de mostrar a un Pontífice de la Iglesia Católica errando en una sentencia o declarando que otros Pontífices erraron en el pasado. Vamos a finalizar haciendo un repaso de algunos puntos de ese discurso9.
Karol Wojtyla, que, como todo europeo del siglo XX, fue educado como si el geocentrismo hubiese sido apartado definitivamente de la ciencia, creía erróneamente en el movimiento de la tierra. La misión de la Pontificia Academia de Ciencias era indicar al Papa que no hay ninguna prueba irrefutable que confirme ese movimiento. Quizás algún miembro de ella debería pedir perdón a la Iglesia por no haber informado al Papa sobre el estado actual de la ciencia, como era su deber. Aún así, en ninguna parte de su discurso Juan Pablo II rehabilita a Galileo –que por cierto había ya abjurado12 irrevocablemente de su antigua opinión favorable al heliocentrismo. Juan Pablo II hizo lo que pudo por desentrañar los oscuros aspectos de ese caso.
- «Una doble cuestión hay en el núcleo del debate de Galileo. La primera es de orden epistemológico y concierne a la hermenéutica bíblica…Galileo no hacía distinciones entre el enfoque científico al fenómeno natural, y lo que generalmente pide hacer este enfoque es una reflexión en el orden filosófico. Ésta es la razón por la que él rechazó la sugerencia que se le hizo de presentar el sistema de Copérnico como una hipótesis, en la medida que éste no había sido confirmado por alguna prueba irrefutable. (Discurso jp-ii, spe_19921031, accademia-scienze n.5)
Juan Pablo II reafirma aquí la correcta actuación del Tribunal del Santo Oficio al reconocer implícitamente que, sin una prueba irrefutable, la Iglesia no estaba obligada a aceptar el heliocentrismo. Como corolario puede afirmarse que tampoco lo está ahora, pues sigue sin haber una prueba irrefutable. Nadie la ha presentado hasta la fecha actual.
- «…la representación geocéntrica del mundo era comúnmente admitida en la cultura de aquel tiempo como completamente de acuerdo con las enseñanzas de la Biblia, de las que ciertas expresiones tomadas literalmente parecían afirmar el geocentrismo».(Discurso jp-ii, spe_19921031, accademia-scienze n.5)
Juan Pablo II admite que el sentido literal de la Biblia parece conducir al geocentrismo, y es que –recordamos nosotros- una nota distintiva de la Iglesia Católica, al menos durante los primeros 17 siglos, ha sido la defensa del sentido literal de la Biblia. Entre las reglas de la hermenéutica bíblica que indica León XIII en “Providentissemus Deus” (1893), está la ‘regla de S. Agustín’: «No apartarse del sentido literal y obvio, a no ser que alguna razón la haga indefendible o la necesidad lo requiera». En el caso del geocentrismo no aparece ninguna razón para apartarse del sentido literal.
Siguiendo con el discurso, Juan Pablo II dice a los miembros de la PAS:
- «El propósito de vuestra Academia es precisamente discernir y hacer conocer, en el presente estado de la ciencia y dentro de sus propios límites, lo que puede ser contemplado como una verdad adquirida o al menos disfrutando de tal grado de probabilidad que sería imprudente y fuera de lo razonable rechazarla». (Discurso jp-ii, spe_19921031, accademia-scienze n.13)
Aquí Juan Pablo II recuerda los cometidos de la Academia de hacer conocer las certezas o hechos irrefutables en el presente estado de la ciencia. La expresión “dentro de sus propios límites” parece referirse a los límites tolerados por el Magisterio y las enseñanzas ya declaradas verdad por la Tradición de la Iglesia.
El aspecto más polémico de este discurso es la mención a los ‘teólogos’ del tiempo de Galileo, pero sin mencionar específicamente a ninguno en particular:
- «Así, la nueva ciencia, con sus métodos y la libertad de investigación que esto implicaba, obligaba a los teólogos a examinar sus criterios de interpretación escrituristica. La mayoría de ellos no sabían cómo hacerlo». (Discurso jp-ii, spe_19921031, accademia-scienze n.5)
- «
La mayoría de teólogos no percibían la distinción formal entre la santa Escritura y su interpretación, lo cual les llevaba a transponer indebidamente al dominio de la doctrina de la fe una cuestión relativa a la investigación científica». (Discurso jp-ii, spe_19921031, accademia-scienze n.9).
El doctor en Teología, Robert Sungenis, indica: «No hay razones para dudar de la capacidad interpretativa de los teólogos del siglo XVII, en realidad la mayoría de ellos eran exegetas muy experimentados, y prueba de ello es que fueron capaces de detener la rebelión Protestante que ocurrió prácticamente en el mismo tiempo. ¿Cómo podrían ellos haber sido tan astutos contra la teología protestante y tan obtusos contra la teología de Galileo?. Varios de estos teólogos intervinieron en el Concilio de Trento, disponiéndolo con tal claridad que no permitía ninguna desviación del consenso de los Padres en cuanto a la interpretación bíblica». Por el contrario, la interpretación que hace Galileo de los pasajes bíblicos es burda e ingenua (por ejemplo su interpretación de Jos 10,12-14) .
Otro punto polémico es que la comisión parece creer que el caso Galileo “está cerrado” desde 1820 a favor del copernicanismo de Galileo, y entonces no serían pertinentes discusiones posteriores.
- «El Cardenal Poupard igualmente nos recordó cómo la sentencia de 1633 no era irreformable y cómo el debate, que no ha cesado de evolucionar, se cerró en 1820 con el imprimatur de la obra del canon Settele». (Discurso jp-ii, spe_19921031, accademia-scienze n.9, Párrafo 3).
Respecto a la primera afirmación, técnicamente el Cardenal Poupard tendría razón, pues en la sentencia de 1633 no quedó escrito explícitamente su carácter irreformable13, sin embargo, según Lumen Gentium 25, se debe hacer suyo con religiosa sumisión de la voluntad y el entendimiento… especialmente el Magisterio del Romano Pontifice, aun cuando no hable ‘ex cathedra’, reconociendo con reverencia su magisterio supremo y con sinceridad se haga suyo el parecer expresado por él, según el deseo expresado por él mismo según su manifiesta mente y voluntad, que se colige principalmente ya sea por la índole de los documentos(1), ya sea por la frecuente proposición de la misma doctrina(2), ya sea por la forma de decirlo(3). En el caso de condena del heliocentrismo el carácter de supremo magisterio se aprecia en: (1) su extremada importancia, “proteger a las Escrituras de interpretaciones falsas” y “proteger a los cristianos de enseñanzas indebidas”; (2) los documentos eclesiales sobre este asunto se extendieron por 50 años, 1616-1665, el número de documentos manejados supera los 7000; (3) atendiendo a la sentencia sobre el heliocentrismo, puede observarse que la forma de expresarla es categórica: “formalmente herética” y “errónea en la fe”.
Respecto a la segunda afirmación, debe notarse que quien dice que el caso Galileo quedó cerrado con el canon Settele, no es Juan Pablo II, sino la comisión a través de su portavoz, el Cardenal Poupard. Tal afirmación es errónea. En dicho canon se permitió en 1822 al astrónomo Settele publicar un libro, Elementos de Óptica y Astronomía, en el que mantenía el copernicanismo como ‘tesis’ (opinión personal a ser sopesada en vista a su posible validez). El Santo Oficio concedió el Imprimatur a ese libro en el que se trataba la movilidad de la tierra y la inmovilidad del sol de acuerdo a “la común opinión de los astrónomos modernos”. La Iglesia seguía en 1822 considerando el copernicanismo como una mera ‘opinión’ y no como un hecho científico, independientemente del número creciente de astrónomos que se iban adhiriendo a esa opinión. Así, los libros de Galileo, Kepler y Newton siguieron manteniéndose en el Índice de Libros Prohibidos. El Dr Sungenis dice que un imprimatur es de un nivel de autoridad inferior a la sentencia de Urbano VIII en 1633, y por tanto no cerraba el caso; para hacerlo sería necesario que un papa o concilio sacara un decreto infalible y declarase oficialmente no volver a escuchar más debate sobre el tema. Un ejemplo de tal caso se dio en el pasado con el tema del canon de la Escritura, fue el concilio de Trento con un decreto formal infalible indicando que todo debate sobre el tema debía cesar. Así fue.
- «El error de los teólogos de entonces, cuando sostenían la centralidad de la tierra, era pensar que nuestro conocimiento de la estructura del mundo físico estaba, en cierta manera, impuesta por el sentido literal de la Santa Escritura. Recordemos la famosa frase atribuida a Baronio: : «Spiritui Sancto mentem fuisse nos docere quomodo ad coelum eatur, non quomodo coelum gradiatur». En realidad, la Escritura no se ocupa de detalles del mundo físico, donde el conocimiento es confiado a la experiencia y al razonamiento de los hombres». (Discurso jp-ii, spe_19921031, accademia-scienze n.12).
Juan Pablo II pensaba que el geocentrismo había sido probado falso con pruebas científicas irrefutables, y según parece, los científicos de la PAS contribuyeron a mantenerle en ese error personal. Sin embargo, al tener pleno conocimiento que las actuaciones de San Roberto Belarmino y de los pontífices que habían sentenciado a Galileo no podían ser erróneas, hubo de atribuir el error a losteólogos impersonales de entonces, algo que indirectamente recae en la hermenéutica del propio Belarmino, como eminente teólogo, y consecuentemente en los papas posteriores que confiaron en la hermenéutica del cardenal Belarmino. Conclusión: una falsedad (mantener que la Inquisición erró en la sentencia contra Galileo) ha llevado a una distorsión de la realidad (señalar unosresponsables del inexistente ‘error’). Otro aspecto que deberían analizar los teólogos actuales es la relación entre el heliocentrismo y la desconfianza en la inerrancia de la Biblia. En esta sección del discurso, se alude a una frase atribuida a Baronio, “El Espíritu Santo nos dice cómo ir a los cielos, y no cómo van los cielos”. Una frase, que no es ninguna afirmación magisterial, sino un dichoinespecífico –una opinión particular en todo caso- con el que se intenta justificar la actitud de Galileo en oposición al de los teólogos de su tiempo. De aquí algunos han sacado la regla no escrita que no debe tomarse el sentido literal cuando la Biblia (el Espíritu Santo) afirma realidades físicas. Cuando lo cierto es que la interpretación literal de la Biblia, ininterrumpida durante los dieciséis y pico primeros siglos, ha dado a la Iglesia doctrinas tan cruciales como la Regeneración Bautismal, cuando Jesús dice: «quien no renaciere del agua y del Espíritu, no puede entrar en el Reino de Dios» (Jn 3,5); o la de la Presencia de Cristo en la Eucaristía, por la literalidad de las palabras de Jesús (Mt 26,26): «Esto es mi cuerpo». Según la opinión del teólogo Fr. Raymond Brown11, parece que la fe en la veracidad y en la inerrancia de la Biblia comenzó a cambiar en el siglo XVII para dar cabida al heliocentrismo, cuando éste se coló en las universidades católicas.

Juan Carlos Gorostizaga
Profesor de Matemática Aplicada
Asociación de Docentes Santo Tomás de Aquino

NOTAS

[1] En algunas biblias aparece la palabra moderna 
orbita.
[2] La carta estaba dirigida al fraile Paolo Foscarini, que era un seguidor de Galileo.
[3] Una buena biografía de esta santa alemana puede leerse (en español) en la siguiente web. 
http://www.hildegardiana.es/1vida.html
[4] Corresponden a las cuatro categorías de la materia aristotélica, tierra, agua, aire y fuego.
[5] El trabajo de Rev. William Roberts puede leerse en: 
http://www.alcazar.net/pont_decr1.pdf ; http://www.alcazar.net/pont_decr2.pdf
[6] R. Sungenis & R. Bennett. 
Galileo Was Wrong The Church Was Right”. 2004.[7] Gerard Keane. “The Pontifical Academy of Sciences and the Crisis of Faith”. http://www.kolbecenter.org (Articles).
[8] Se ha señalado que esa fecha coincide con el festejo pagano de 
Halloween.[9] En la web oficial del Vaticano está el discurso sólo en francés, italiano y alemán. http://www.vatican.va/holy_father/john_paul_ii/speeches/1992/october/index_sp.htm. Nosotros hemos hecho una traducción (desde la versión original francesa) al castellano, que puede verse en:http://www.euskalnet.net/jcgorost/Discurso_jpii31Oct1992.pdf [10] Fr George Coyne, “The Church’s Most Recent Attempt to Dispell the Galileo Myth,” in The Church and Galileo, p. 354.
[11] Fr. Raymond Brown. New Jerome Biblical Commentary. P. 1169.[12] Ver documento de abjuración de Galileo:http://www.euskalnet.net/jcgorost/sentencia.pdf
[13] En muchos documentos de la Iglesia no queda especificado si la enseñanza incluida es irreformable o no.
LECTURAS
Robert Sungenis & Robert Bennett . "Galileo Was Wrong The Church Was Right". http://galileowaswrong.blogspot.com/ ;http://www.catholicintl.com/ 
- Solange Strong Hertz. “The 
http://ldolphin.org/geocentricity/Hertz2.pdf
- Rafael Pasc
ual. “Algunas consideraciones sobre el caso Galileo”. http://es.catholic.net/sexualidadybioetica/195/454/articulo.php?id=6800
- Gerardus B. Bouw. “
Introduction to Biblical Cosmology”. http://www.alcazar.net/geo_primer.pdf
-
 Paula Haigh. “Galileo’s Heresy”. http://ldolphin.org/geocentricity/Haigh2.pdf
- Paula Haigh. “
Galileo’s Empiricism-And Beyond”. http://ldolphin.org/geocentricity/Haigh.pdf - Atila Sinke Guimarães. “The Swan’s Song of Galileo’s Myth”. http://www.traditioninaction.org/History/A_003_Galileo.html
- J.S. Daly. “The Theological Status Of Heliocentrism”. 
http://ldolphin.org/geocentricity/Daly.pdf